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viernes, 1 de octubre de 2010

SANAR ES CORREGIR

Pubicado por Georgina Arteaga-Carlebach en Facebook


Sanar es unir, no separar, conduce a la libertad en lugar de a la opresión, es elegir la paz en lugar del conflicto y el amor en lugar del sufrimiento. Es un proceso en el que uno se libera del miedo y la culpa, aceptando con convicción que la esencia de nuestro ser es el amor, que nuestra verdadera identidad es espiritual, que todo es posible a través del perdón y que este último es lo más cercano al amor que podemos experimentar. Significa corregir la percepción mental errónea, implica remover los obstáculos mentales que impiden sentirnos en paz. Consiste en descubrir qué valor asignamos a actitudes como: guardar rencor, enjuiciar y culpar a los que nos rodean, atacar, criticar y enjuiciarnos a nosotros mismos, en una palabra, vivir en desamor.

Kenneth Wapnick en el apartado del glosario de su libro Un Curso de Milagros: Una Introducción Básica, nos ofrece una explicación sobre sanación: “La sanación está basada en la creencia de que nuestra verdadera identidad es el espíritu. La sanación refleja el principio que no hay grados de dificultad en los milagros, sino que es el resultado de la unión con otro en el perdón, que cambia la percepción de cuerpos separados por nuestro propósito compartido de sanación en este mundo” (Pág. 153).

Participamos en nuestro propio proceso sanador cuando tomamos la decisión de observar a las personas, las circunstancias y los eventos que rodean nuestra vida en forma diferente, con una visión responsable y, desde ahí, llevar a cabo un trabajo interno. En este proceso la meta es traer la armonía y la paz a nuestra mente que es la que requiere ser sanada, ya que al cuerpo no toma decisiones, y el espíritu no lo requiere porque ya es perfecto. Se refiere también estar al servicio de otros como una extensión de nuestra propia sanación y de nuestro estado de conciencia de libertad, en donde nada es aprendido en aislamiento, y todo es enseñado por el Espíritu Santo, nuestro mejor y más asertivo Maestro, que nos dice que el perdón es la herramienta de liberación del sufrimiento.

Cuando aceptamos el compromiso de sanarnos, podemos notar cambios en los pensamientos que expresamos a través de diversas actitudes en nuestra comunicación, y esto es debido a que se modificó nuestro proceso mental. Con el compromiso generamos una energía en nuestra mente que moviliza el rompimiento y liberación de antiguas creencias, de arquetipos y patrones de conducta que generan energías discordantes, produciéndose la fuerza necesaria para asumir la responsabilidad y el liderazgo para liberar las falsas percepciones provenientes del pasado.

Este proceso no es lineal en el tiempo, es más bien una espiral dentro de nuestra mente, la que se mueve y se expande con cada afirmación de sanación, la que una vez instalada en nuestra mente estamos listos para empezar a compartirla con nuestro hermano, que también ha estado buscando ayuda, que desea sanarse y convertirse en un ser consciente, y quien se convierte a la vez en un maestro sanador para nosotros, cerrándose así el círculo de la Redención y la unión con la Filiación.

Un hermano que busca ayuda puede traemos regalos más allá de las alturas percibidas en sueño alguno. Nos ofrece la salvación, pues viene a nosotros como Cristo y Salvador. Lo que él pide lo está pidiendo Dios a través de él. Y lo que hacemos por él se convierte en el regalo que le damos a Dios. El sagrado pedido de ayuda del Hijo de Dios, en su percibido infortunio, su Padre no puede sino contestarlo. Pero Él necesita una voz a través de la cual hablar Su sagrada Palabra; una mano con la cual pueda alcanzar a Su Hijo y tocar su corazón. En un proceso como ese, ¿quién podría no sanarse? Esta interacción sagrada es el plan de Dios Mismo, por medio del cual Su Hijo es salvado. (P. 2.V.5)
Decidir sanarse conlleva la decisión firme de debilitar al ego, dejando de escuchar sus mensajes aturdidores que nos dicen que para sentirnos sanos debemos compararnos con nuestro hermano para ver que estamos mejor que él, que él es quien necesita ser sanado, que está equivocado y que nosotros tenemos la razón (el sanador no sanado) que él está mal y no tiene ni la fuerza ni los recursos para sanarse, que no tiene nada que enseñarnos. Este mensaje erróneo del ego nos aleja de poder ver en nuestro interior, y observar que la misma fuerza que nosotros tenemos para salir de la oscuridad, la tiene él, que si nosotros podemos salir a la luz del amor, él también puede. Cuando aceptamos esto último estamos abriendo la puerta para recibir las enseñanzas que él nos aporta, porque podemos vernos en el espejo que él representa.

Para el ego lo caritativo, lo correcto y lo apropiado es señalarles a otros sus errores y tratar de "corregirlos". Esto tiene perfecto sentido para él porque no tiene idea de lo que son los errores ni de lo que es la corrección. Los errores pertenecen al ámbito del ego, y la corrección de los mismos estriba en el rechazo del ego. Cuando corriges a un hermano le estás diciendo que está equivocado. Puede que en ese momento lo que esté diciendo no tenga sentido, y es indudable que si está hablando desde su ego no lo tiene. Tu tarea, sin embargo, sigue siendo decirle que tiene razón. No tienes que decírselo verbalmente si está diciendo tonterías. Necesita corrección en otro nivel porque su error se encuentra en otro nivel. Sigue teniendo razón porque es un Hijo de Dios. Su ego, por otra parte, está siempre equivocado, no importa lo que diga o lo que haga. (T.9.III.2)
Sanarnos nos permite regresar al estado original en que el Padre nos Creó: eternos, perfectos, santos, inmutables, en completo estado de abundancia. Reconocerlo nos da la gracia para unirnos a la Voluntad de Dios, para compartir Su Pensamiento y los regalos que hemos recibido, sintiendo que nuestra única expresión es la de gratitud y amor por la vida que caminamos, comprendiendo que se pueden presentar nuevos problemas pero que podemos resolverlos, sabedores que no existe ningún lugar en el que Dios no esté presente, que somos Su Hijo bienamado al que nunca suelta de la Palma de Su Mano.