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miércoles, 3 de noviembre de 2010

DIOS ME PROVEE DE TODO LO QUE NECESITO

Publicado en: http://nadairrealexiste.blogspot.com
 

En una reunión del curso de milagros alguna vez usé este ejemplo para responder la pregunta de mi ego ¿por qué no recibo lo que necesito?

En primer lugar, Dios no se ha enterado de que aparentemente algo puede hacerme falta porque en estricto sentido, el Hijo de Dios es pleno y no conoce carencias, además de que Dios no ve las "apariencias". Wow, qué dilema ¿entonces cómo se va a enterar de que me gustaría tener un auto, una casa, una pareja, un ascenso, un empleo, una mascota, un negocio, un hijo, etc., etc., etc.?

Respuesta: No se entera.

Así es: no se entera, porque el ámbito del mundo, aquí donde tiempo y espacio coinciden, no es el ámbito de la eternidad, del espíritu ilimitado, todoabarcador e infinito de Dios.

Afortunadamente el Espíritu Santo es el enlace entre los dos ámbitos, Él conoce cuáles son mis aparentes carencias y puede mediar para que se realicen aquéllas que no me distraigan de la Verdad.

¿Qué significa esto?

Como ejemplo tuve esta ocurrencia, el hijo de 7 años (yo) le pide a su padre (Dios) que le compre el disfraz de vaquero (objeto deseado) para su fiesta de cumpleaños. El niño le dice que "necesita" ese disfraz para su fiesta -aquí se pueden imaginar la sonrisa del amoroso Padre quien sabe que su hijo no precisa de nada-. No obstante, para eso sirve el padrino o el tío amoroso (el Espíritu Santo) quien viene y consuela, y en ocasiones hasta consigue aquéllo que el niño solicita.

¿Cuándo es que lo consigue para el hijo?

Lo consigue cuando aquello solicitado no obstaculice la felicidad del hijo, misma que sólo existe en el eterno presente, en su interior.

¿Cómo puede afectar un traje de vaquero a la felicidad del niño en su fiesta de cumpleaños? Si el niño pone todo su afecto y esmero en el traje y mientras juega en el jardín se derrapa o se desliza rápidamente, rasgándose accidentalmente el traje... drama seguro y fin de la fiesta. El mentado traje se ha roto, ese disfraz que representaba su "identidad" o al menos su "felicidad" ahora está dañado, es irreparable... drama seguro, bienvenido al sufrimiento.

O bien, pensemos que no le ocurre nada al traje, pero que el pequeño se abstiene de jugar con sus amiguitos en la fiesta de cumpleaños, "no vaya a ser que se le estropee el disfraz"... tensión constante y presente desatendido debido a la preocupación por el tiempo futuro, a tal grado de tener al infante en la "parálisis del análisis": "si corro y me caigo, se rasga; si me subo al árbol, se estropea; si como sin cuidado, se ensucia, etc."

O bien, pensemos que no le ocurre nada al traje y que el pequeño decide conservarlo. Al año siguiente el niño ha crecido y el traje ya no le viene, ya no le queda... Berrinche seguro en función de querer revivir el pasado en el hoy, y dado que eso no es posible, la frustración y decepción están garantizadas cuando el niño está aferrado a que ese es el único traje que representa su felicidad. Una felicidad que ahora se ha tornado un mero recuerdo, mientras que el presente se escapa desapercibido y con él la potencialidad del Ahora.

Este ejemplo de niños suena remoto, porque mi infancia quedó atrás hace ya varias décadas, pero qué tal si uso el mismo ejemplo con el auto nuevo. Y entonces pido el auto nuevo y lo obtengo y soy la más feliz, pero en algún momento mi auto se raya y tiene un choque, berrinche seguro. O bien, ya que tengo el auto resultará que preciso ponerle alarmas "no vaya a ser que me lo roben" y entonces, en algunas ocasiones siento la imperiosa necesidad de salir de la casa para verificar haber dejado cerrado el coche, incluso tuve que fabricar un garaje especial enrejado para protegerlo, olvidando que en mi indefensión está mi invulnerabilidad, evidencia de mi separación y por ende de que no puedo encontrar la paz, ahí donde no se percibe la Unicidad. Lo mismo con una pareja, ahora estaría pendiente... te imaginas.

"Cualquier cosa en este mundo que creas que es buena o valiosa, o que vale la pena luchar por ella, te puede hacer daño y lo hará. No porque tenga el poder de hacerlo, sino únicamente porque has negado que no es más que una ilusión." Texto Cap. 26.VI.1 - Un Curso de Milagros

Entonces ¿qué hacer? Dejo todas mis necesidades en manos del Espíritu Santo.

Dice el Texto, Cap. 13.VII.10-13

"Tu Padre sabe que no tienes necesidad de nada. Esto es así en el Cielo, pues ¿qué podrías necesitar en la eternidad? En tu mundo ciertamente tienes necesidad de cosas. El mundo en el que te encuentras es un mundo de escasez porque estás carente. Sin embargo ¿te podrías encontrar a ti mismo en un mundo así? Sin el Espíritu Santo la respuesta sería no. Pero debido a Él, la respuesta es un gozoso ¡sí! Como Mediador entre los dos mundos, Él sabe lo que necesitas y lo que no te hará daño. El concepto de propiedad es un concepto peligroso si se deja en tus manos. El ego quiere tener cosas para salvarse, pues poseer es su ley. Poseer por poseer es el credo fundamental del ego y una de las piedras angulares de los templos que se erige a sí mismo. El ego exige que deposites en su altar todas las cosas que te ordena obtener y no deja que halles gozo alguno en ellas.

Todo lo que el ego te dice que necesitas te hará daño. Pues si bien el ego te exhorta una y otra vez a que obtengas todo cuanto puedas, te deja sin nada, pues te exige que le des todo lo que obtienes. Y aun de las mismas manos que lo obtuvieron, será arrebatado y arrojado al polvo. Pues donde el ego ve salvación, ve también separación y de esta forma pierdes todo lo que has adquirido en su nombre. Por lo tanto, no te preguntes a ti mismo qué es lo que necesitas, pues no lo sabes y lo que te aconsejes a ti mismo te hará daño. Pues lo que crees que necesitas servirá simplemente para fortificar tu mundo contra la luz y para hacer que no estés dispuesto a cuestionar el valor que este mundo tiene realmente para ti.

Sólo el Espíritu Santo sabe lo que necesitas. Pues Él te proveerá de todas las cosas que no obstaculizan el camino hacia la luz. ¿Qué otra cosa podrías necesitar? Mientras estés en el tiempo, Él te proveerá de todo cuanto necesites y lo renovará siempre que tengas necesidad de ello. No te privará de nada mientras lo necesites. Más Él sabe que todo cuanto necesitas es temporal y que sólo durará hasta que dejes a un lado todas tus necesidades y te des cuenta de que todas ellas han sido satisfechas. Por lo tanto, El Espíritu Santo no tiene ningún interés en las cosas que te proporciona, excepto asegurarse de que no te valgas de ellas para prolongar tu estadía en el tiempo. Sabe que aquí no estás en casa y no es Su Voluntad que demores tu jubiloso regreso a tu hogar.

Entonces, deja todas tus necesidades en Sus manos. El las colmará sin darles ninguna importancia. Lo que Él te provee no conlleva ningún riesgo pues Él se asegurará de que no pueda convertirse en un punto tenebroso, oculto en tu mente y mantenido para hacerte daño. Bajo Su dirección viajarás ligero y sin contratiempos, pues Él siempre tiene puesta la mira en el final de la jornada, que es Su objetivo. El Hijo de Dios no es un viajero por mundos externos. No importa cuán santa pueda volverse su percepción, ningún mundo externo a él contiene su herencia. Dentro de sí mismo no tiene necesidades de ninguna clase, pues la luz sólo necesita brillar en paz y desde si misma permitir que sus rayos se extiendan quedamente al infinito."