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domingo, 4 de mayo de 2014

EL PROFUNDO MENSAJE DE JESÚS: UNA REVELACIÓN HOLOGRÁFICA

Extraído del libro «The End of Death» - Copyright 2013 Nouk Sánchez
Traducción: Martha Aida de Ochoa

Nota: Estas enseñanzas están basadas en "Un Curso de Milagros

Jesús fue el primero desde la separación que completó el retorno total  a Dios. Él fue el primero que reconoció y subsanó el sueño completo de separación al deshacer su núcleo, siendo el concepto de muerte. En la ilusión del tiempo, Él fue el pionero, el que descorrió enteramente el velo de muerte y cumplió totalmente la Voluntad de Dios. Hasta que Jesús subsanó  triunfalmente la muerte a través de su resurrección, todos nosotros, como una sola mente dormida, estábamos en tinieblas.

A través de su resurrección, Él subsanó todas las leyes del ego, regalándonos la Expiación; el deshacimiento del miedo. Ahora tenemos una herramienta inmediata para corregir el miedo en nuestra percepción, y eventualmente deshacer el miedo inconsciente a la muerte, así podemos seguirlo fuera del sueño del ego. Jesús es la Expiación. En su complitud con la Voluntad perfecta de Dios, Él completó nuestra sanación también. Está hecha ya. Todo lo que necesitamos hacer es aceptarla.

«Estabas en las tinieblas hasta que una parte de la Filiación decidió acatar completamente la Voluntad de Dios. Una vez que esto se logró, todos lo lograron perfectamente. ¿De qué otra manera sino habría podido lograrse perfectamente? Mi misión consistió simplemente en unir la voluntad de la Filiación con la Voluntad del Padre al ser yo mismo consciente de la Voluntad del Padre. Ésta es la consciencia que vine a impartirte» (T-8.IV.3:1-5)

El extraordinario mensaje holográfico de Un Curso de Milagros, es gradualmente reconocido y luego integrado como un camino de vida y por lo tanto de ser. El profundo llamado que constantemente nos insta a vivir desde el Poder interior, es sólo aceptado una vez que gustosamente nos unimos con el Espíritu a exhumar y dejar (perdonar) nuestros miedos inconscientes, culpa y falsa humildad. Al incrementarse nuestra confianza en el Amor el miedo cae. Y esto es cuando genuinamente dejamos nuestra dependencia en el mundo que nos dice quiénes somos y lo que la realidad es. Porque lo que vemos afuera, es exactamente lo que la mente en ego envía a nuestros sentidos a buscar; precisamente  lo que es proyectado y a lo que nosotros deseamos reaccionar. Cuando retiramos nuestra confianza en los sentidos físicos, aprendemos a apoyarnos en nuestra visión interna (guía) para que nos enseñe  lo que la Realidad es.

Estas profundas enseñanzas de Jesús son bastante sorprendentes, aún para estudiantes de mucho tiempo del Curso como yo. Jesús no está solamente exponiendo el más épico de todos los mitos inconscientes desde el comienzo del tiempo... la muerte. Él está urgiéndonos a subsanar la muerte, en todas sus siniestras formas, justo como Él lo hizo. La muerte es universalmente la creencia que  es el resultado final de toda vida y que todos estamos absolutamente seguros de eso. Es considerada una natural y legítima parte de la vida. Y... es el resultado final  de la vida, que todos esperamos. La supervivencia del ego depende de esa creencia, que la muerte física no es negociable, es inevitable e inescapable. Es el resultado de que somos víctimas de las leyes del ego, del tiempo, privación, enfermedad, decadencia y muerte. En otras palabras, que somos presas de un poder que no es el del amor todo-abarcador e ininterrumpido de Dios. Pero cómo podría ser un poder que no fuera otro que el del Amor de Dios, a menos que usando nuestro libre albedrío hubiéramos escogido darle valor.

Esta no es una enseñanza en la inmortalidad del cuerpo. La muerte, como todas las imaginadas fuerzas fuera del Amor de Dios, no existen, a menos que la deseemos en nuestra experiencia. En la resurrección física de Jesús Él subsanó el concepto de muerte en todas sus formas, para todos nosotros. Él nos llama a usar el sueño del ego para revertir el sistema de pensamiento del ego y reclamar nuestra verdadera herencia como expresiones del Amor de Dios. La muerte no es parte de la vida. De otra forma el miedo sería parte del Amor y el ego sería parte de Dios.

La mente del ego hizo el cuerpo para atacar el mundo y a nosotros, expresamente para enseñar y prolongar la separación y el tiempo (sufrimiento). Al deshacer el ego, el propósito del cuerpo y el mundo es revertido. Se entiende que ellos se convierten en   puras herramientas de  enseñanza para el Amor y el perdón. Al retornar la mente a la sanidad, retira sus creencias en las leyes del ego y fortalece su reconocimiento que el cuerpo no está bajo ninguna ley salvo la de Dios. Esto es un tremendo alivio!!! Finalmente podemos dejar  de tomar falsa responsabilidad por el cuerpo (el nuestro y el de los que amamos), y aprender a confiar en el verdadero Amor. Nuestra confianza incrementada en nuestro Santo  Ser toma control y los milagros fluyen. Jesús nos recuerda dar cualquier cosa que ya no es  importante (incluyendo el cuerpo) y nos permite su guía para dirigir cualquier cosa que sí lo es:

«Mi control puede hacerse cargo de todo lo que no es importante, mientras que, si así lo decides, mi asesoramiento puede dirigir todo lo que sí lo es.» (T-2.VI.1:3)

 y,

«Yo seré un substituto de tu ego si así lo deseas, pero nunca de tu espíritu....Me puedes confiar tu cuerpo y tu ego debido únicamente a que eso te permite desentenderte de ellos y me deja mostrarte que no son importantes» (T-4.I.13:1,4)

Como Jesús nos comparte, reconocemos que no es el cuerpo el  que nos sostiene, pero sí la Mente y el Corazón de Dios. Así que como nuestra confianza es retirada del sistema de pensamiento del ego, las leyes biológicas del ego que parecen gobernar  previamente al cuerpo, son eclipsadas por las Leyes  de Dios sin oposición a la Vida.

Nuestro retorno al Amor involucra desaprender y revertir el propósito del cuerpo. Mientras que bajo el reinado del ego, la creencia era que la fuente de vida  y existencia  provenía del cuerpo. Era también erróneamente idealizado como nuestra identidad y nuestro propósito, y un final por sí mismo, en lugar de darle el significado para desaprender nuestra dependencia en el ego, el cuerpo y el mundo. A través del ego, el cuerpo se convierte en una identidad por sí misma, una imagen a la cual erróneamente le asignamos con poder para cambiar, enfermar y morir. De pronto, damos al cuerpo una falsa autoridad sobre la mente, para probar que la ilusión de ataque es real. Le damos una inteligencia emocional y biológica para así parecer que invalida a la mente. El ego dispone esto como una abrumadora distracción para no despertarnos a nuestro Santo Ser. Hasta que no nos unamos a la Voluntad de Dios en deshacer nuestra inconsciente devoción a la muerte en todas sus formas, continuaremos creyendo, manifestando y demostrando, que el cuerpo es más poderoso que la mente, nuestro Santo Ser. 

Jesús explica en la siguiente línea, que el cuerpo no puede crear ni enfermedad ni salud. La enfermedad física representa una creencia en la magia, la cual es una tentación a creer que cualquier cosa que no sea  la Voluntad de Dios, es real. No hay más Voluntad que la de Dios, y todo lo demás es magia. La enfermedad física no es parte de la Voluntad de Dios por lo tanto es magia. La completa distorsión que hizo la magia, es que nosotros erróneamente creímos que hay una habilidad creativa en la materia (cuerpo) que la mente no puede controlar. Esta creencia compulsiva del ego, que el cuerpo puede desarrollar síntomas de enfermedad o salud independiente de la mente, debe excluir la Voluntad de Dios como nuestra devoción primaria.

«El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede- error básico- da lugar a todos los síntomas físicos. Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar» (T-2.IV.2:6-8)

Al ir despertando, aprenderemos que el cuerpo no es quien somos. No es un propósito u objetivo por sí mismo. Es sólo un medio,  una herramienta de aprendizaje, para recordarnos nuestro verdadero propósito. Al sanar la mente, nuestra secreta devoción al sufrimiento y muerte es deshecha. El cuerpo es devuelto a su rol apropiado  y no es más usado para demostrar la ilusión que tiene poder y dominio sobre la mente. El cuerpo será restaurado eventualmente a su lugar correcto en nuestra percepción, sólo como un efecto y nunca como una causa. Allí es cuando sabremos sin lugar a dudas, que el cuerpo simplemente no es real. Como un efecto no tiene la habilidad de crear, de ocasionar, de atacar, de estar bien, de enfermarse o de morir. Cuando este nivel de maestría es conseguido, como Jesús demostró, seremos testigos de nosotros mismos y del mundo dormido que ciertamente la mente sanada y no el cuerpo, es la suprema Causa. Entonces y solo entonces, servirá el cuerpo para su propósito divino de demostrar el cambio del pensamiento del mundo, y no se requerirá más de él. Esto, creo es el estado del Mundo Real aún por venir a nuestra completa conciencia. Pero hasta que el miedo al Amor (Dios) sea deshecho y la confianza en Dios como nuestro Ser sea restaurada, el Mundo Real será expandido en nuestra percepción.

«Solo la mente puede crear porque el espíritu ya fue creado, y el cuerpo es un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. Los recursos de aprendizaje no son lecciones en sí mismos. Su propósito es simplemente facilitar el aprendizaje. Lo peor que puede ocurrir cuando se usan indebidamente es que no lo faciliten. De por sí, un recurso de aprendizaje no tiene poder para producir verdaderos errores en el aprendizaje. El cuerpo, si se le entiende correctamente, comparte la invulnerabilidad de la Expiación en lo que respecta a las defensas de doble filo.» (T-2.IV.3:1-6)

La mente ya sanada dejará al cuerpo de lado en perfecta salud, paz y gozo, una vez su misión esté completa. Sin embargo hasta que sea conocido y demostrado en nuestra experiencia, que el cuerpo no es real porque no tiene habilidades creativas para ocasionar cambios, para enfermarse o morir- entonces no hemos descubierto aún el poder soberano de la mente completamente sanada. Hasta que aceptemos esta verdad dentro de nuestra experiencia, continuaremos creyendo, aceptando y atestiguando que el cuerpo es real no importa cuánto expongamos la irrealidad del cuerpo.

Mientras permanezcamos eligiendo ser víctimas del cuerpo, continuaremos en la creencia de  validar  la realidad del cuerpo. Y no conoceremos una mente completamente sanada hasta que nos demos cuenta,  aceptemos y demostremos que el cuerpo no puede ser victimizado. Cuando nuestro cuerpo es real en nuestra experiencia, el poder de la mente (causa) sobre el cuerpo (efecto), no está probado. Hasta que estemos listos para desenterrar, examinar y dejar ir nuestra falsa dependencia en las leyes del ego que nos sostienen o nos atacan, estaremos temerosos del poder de nuestra mente, y nuestro Santo Ser.

Y mientras la muerte resida como nuestro sueño inconsciente central, y el más querido ídolo en nuestro altar interior, entonces la vida no será conocida o experimentada. Mientras la muerte eclipse el Amor de Dios en nuestra conciencia, la vida como la conocemos, continuará reflejando miedo en lugar de Amor, culpa en lugar de inocencia, sufrimiento en lugar de gozo, y privación en lugar de infinita provisión. Como  el más querido y valioso ídolo del mundo, desafortunadamente  la muerte le gana al Amor de Dios, dejándolo manos abajo.

Jesús nos dice muy clara y contundentemente que la muerte y el Amor de Dios, no pueden ambos ser reales. La muerte y el Amor de Dios son mutuamente excluyentes y totalmente irreconciliables. No pueden coexistir. Aunque a través del ego tratemos de reconciliar esto diariamente. Esto es demente. Decimos que creemos en Dios aunque creemos y por lo mismo miramos muerte diariamente, ya sea en las noticias o en nuestra vida personal. Si vamos a ser honestos, acerca de Dios y muerte en nuestro diario vivir, cuál de los dos es la más parecida figura como verdad en nuestras creencias?

Jesús es firme al decir, que solo uno, o muerte o Dios, es real y por lo tanto, verdad. Mientras nos mantengamos  dándole realidad a ambos,  estaremos en una terrible agitación, confusión y miedo.

La enfermedad es otro ídolo. Creemos que es una natural y legítima parte de la vida, la cual es extremadamente una insensatez. No tenemos ni la más remota idea que nosotros hicimos la enfermedad y la muerte, en un supremo esfuerzo por convencernos que somos débiles y desvalidos, separados de nuestro Creador. Si nos mantenemos dormidos, desvalidos y sin poder sobre las leyes del ego, efectivamente rechazamos a Dios y nuestro Santo Ser.

Jesús comparte con nosotros:

«Ves en la muerte tu escapatoria de lo que has hecho. Pero lo que no ves es que tú mismo inventaste la muerte, la cual no es más que la ilusión final. La muerte no puede ser una escapatoria porque el problema no radica en la vida. La vida no tiene opuesto, pues es Dios. La vida parece ser lo opuesto a la muerte porque tú has decidido que la muerte acaba con la vida. Perdona al mundo y comprenderás que nada que Dios creó puede tener fin, y que nada que Él no haya creado es real.» (M-20.5:2-7)

«Inventaste al dios de la enfermedad, y al inventarlo te capacitaste para oírle. No obstante, no lo creaste, pues él no es la Voluntad del Padre. Por lo tanto, no es eterno, y quedarás des-hecho en el instante en que indiques que estás dispuesto a aceptar solamente lo eterno.» (T-10.III.9:4-6)

El mensaje de Jesús  para nosotros es que despertemos al hecho que nosotros hicimos todo este sufrimiento para atacarnos a nosotros y separarnos del Amor todo-abarcador de Dios. Él como el Cristo Despierto dentro de nosotros, ha dejado entrar Un Curso de Milagros, dentro del mundo como un despertador único. Él nos está pidiendo que nos demos cuenta de lo  que  hemos hecho para atacarnos y mantenernos dormidos. Y Él nos está dando los principios por los cuales podemos recuperar nuestro poder, para deshacer todo aquello que nos ha mantenido dormidos en un sueño de sufrimiento y muerte.

Nos está diciendo también, que esto lo hacemos usando nuestro cuerpo, para poder trascender el cuerpo. Muchos de nosotros, sin saber, malinterpretamos las enseñanzas de Jesús acerca del cuerpo; y he de confesar que yo estaba dentro de aquellos que estaban confundidos en esta área. La línea tan popular del Curso "No soy un cuerpo, soy libre" se convirtió en un bypass espiritual, otra forma distorsionada de la negación del ego… como pude descubrirlo más tarde.

Jesús nombró su herramienta de aprendizaje Un Curso de Milagros, si milagros. Todo buen estudiante del Curso sabe que todo lo que parece que vemos, incluyendo los milagros, se originan en un único lugar, la mente, el nivel de la causa. Muchos milagros que pueden tomar lugar, no pueden realmente ser vistos con los ojos del cuerpo porque son puramente cambios de percepción y podrían no ser físicamente reconocidos, pueden no tener efectos observables. Sin embargo, en el  mensaje profundo del Curso, Jesús ha proclamado abiertamente que podemos y podremos, ser los instrumentos a través de los cuales los milagros se materializarán en la forma, como directo resultado de la Expiación para nosotros (la corrección del error en nuestra mente).